MI EGO
La parte en la que se supone que tengo que hablar de mí.
Nací en un negocio familiar y pasé muchos años detrás de un mostrador. Lo demás, abajo. Sin escenas de película.

De pequeño era un niño normal. Bastante tranquilo.
Tan normal que no parecía que fuera a ocurrir gran cosa conmigo.
En el colegio llegaron a decirme que no serviría para nada en la vida. Y puede que tuvieran sus motivos.
No hubo ninguna escena de película. No juré vengarme ni me puse a estudiar de repente. Simplemente crecí y me volví exageradamente curioso.
Necesito entender cómo funcionan las cosas. Por qué unas ideas avanzan y otras se quedan en nada. Por qué alguien compra y por qué, delante de lo mismo, otra persona pasa de largo.
En casi todo soy bastante mediocre. No soy especialmente inteligente y todavía no he descubierto ningún talento secreto.
Lo único que hago bastante bien es trabajar. Trabajo mucho. Probablemente más de lo normal.
También tengo cierta facilidad para atreverme con cosas que otras personas prefieren seguir pensando.
Nací en un negocio familiar y pasé muchos años detrás de un mostrador. Allí aprendí a escuchar, vender, resolver problemas y transformar ideas en cosas que existen de verdad.
Dicen que se me da bien encontrar oportunidades. Algunos incluso dicen que comunico bien. Eso tiene mérito, porque hablo horrible y tengo un acento asturiano difícil de esconder.
También me obsesiono con facilidad. Durante años fue con el deporte: correr, montar en bicicleta y probar cualquier cosa que pudiera terminar en agujetas.
Ahora soy padre de dos hijos. Intento hacer menos cosas, elegirlas mejor y aceptar que el día solo tiene 24 horas. Lo intento. No siempre lo consigo.
Sigo dirigiendo mis proyectos, buscando problemas que merezca la pena resolver y escribiendo cuando tengo algo que contar.
Si me conoces, ya sabes el resto. Y si no, puedes empezar por leerme.
POR CORREO